Me recordaba un buen amigo que el Sr. Gary Hamel, uno de los gurús del management más reconocidos, había puesto como uno de los grandes modelos corporativos, la empresa Enron. Se acuerdan de Enron? Ya no existe. Víctima de malas prácticas corporativas, el 2001, quebró. 22.000 trabajadores se quedaron sin trabajo y una de las 10 empresas más admiradas en EEUU dejó de existir.
El mismo amigo me dice que los gurús no viven el dia a dia de las empresas. Que hablan de oídas, que la mayoría son teóricos del management. Bien, lo acepto. Pero estoy de acuerdo con Hamel en que "a diferencia de las leyes de la física, las leyes del management no están predeterminadas ni son eternas."
Creo también firmemente que el management está desfasado, y que llevamos tiempo dirigiendo de la misma manera cuando las cosas han cambiado muchísimo, y lo único cierto en nuestro entorno es la incertidumbre.
Según el profesor Grant, la Dirección Estratégica es la verdadera ventaja competitiva de una organización. Y si, es cierto, el modelo de management y los equipos directivos son parte esencial del éxito de una empresa.
En su libro "El Futuro del Management" de Editorial Paidós, Gary Hamel afirma: "Sueño con organizaciones capaces de una renovación espontánea en las que el cambio no signifique un trauma doloroso. Sueño con compañías que merezcan la pasión y la creatividad de sus trabajadores, que saquen lo mejor de cada persona."
Y añade: "Debemos aprender a coordinar los esfuerzos de miles de individuos sin crear una jerarquía opresiva de supervisores; a controlar los costes sin asfixiar la imaginación humana, y a crear organizaciones donde la disciplina y la libertad no se excluyan mutuamente."
En un momento absolutamente retador para los managers del siglo XXI, romper con los clásicos paradigmas del management del siglo XX parece realmente complejo. La estandarización, la especialización, la alineación de objetivos, la jerarquía, la planificación y el control, la política retributiva... son principios fundamentales de la dirección que pocos ponemos en duda. Intentamos evitar las sorpresas, expulsar las irregularidades, homogeneizar procesos y equipos, centralizar para controlar, evitar las vias radicales... y todo eso en un entorno tremendamente incierto e imprevisible.
Hoy es imposible dar respuesta a todo ello desde una sola mente, desde la individualidad. Es necesario democratizar las organizaciones, dar más voz y libertad a todo el talento disponible, tomar mayores riesgos en la innovación, apostar por la diversidad y la creatividad, romper jerarquías, apostar sin limitaciones por la mejora contínua y la renovación estratégica, romper con los modelos mentales que frenan los cambios.
Este es un camino que muy pocas compañías han iniciado. La mayoría en el entorno Internet, pocas en el sector industrial y de servicios. Es un camino a mi entender irreversible. Supondrá un cambio radical en el management actual y por ello no va a ser fácil, pues representa nuevos paradigmas, la generosidad de apostar por el liderazgo compartido, con el objetivo de potenciar la iniciativa, la creatividad y lo más importante: hacer empresas a la medida de las personas y las mentes de nuestro tiempo.
El mismo amigo me dice que los gurús no viven el dia a dia de las empresas. Que hablan de oídas, que la mayoría son teóricos del management. Bien, lo acepto. Pero estoy de acuerdo con Hamel en que "a diferencia de las leyes de la física, las leyes del management no están predeterminadas ni son eternas."
Creo también firmemente que el management está desfasado, y que llevamos tiempo dirigiendo de la misma manera cuando las cosas han cambiado muchísimo, y lo único cierto en nuestro entorno es la incertidumbre.
Según el profesor Grant, la Dirección Estratégica es la verdadera ventaja competitiva de una organización. Y si, es cierto, el modelo de management y los equipos directivos son parte esencial del éxito de una empresa.
En su libro "El Futuro del Management" de Editorial Paidós, Gary Hamel afirma: "Sueño con organizaciones capaces de una renovación espontánea en las que el cambio no signifique un trauma doloroso. Sueño con compañías que merezcan la pasión y la creatividad de sus trabajadores, que saquen lo mejor de cada persona."
Y añade: "Debemos aprender a coordinar los esfuerzos de miles de individuos sin crear una jerarquía opresiva de supervisores; a controlar los costes sin asfixiar la imaginación humana, y a crear organizaciones donde la disciplina y la libertad no se excluyan mutuamente."
En un momento absolutamente retador para los managers del siglo XXI, romper con los clásicos paradigmas del management del siglo XX parece realmente complejo. La estandarización, la especialización, la alineación de objetivos, la jerarquía, la planificación y el control, la política retributiva... son principios fundamentales de la dirección que pocos ponemos en duda. Intentamos evitar las sorpresas, expulsar las irregularidades, homogeneizar procesos y equipos, centralizar para controlar, evitar las vias radicales... y todo eso en un entorno tremendamente incierto e imprevisible.
Hoy es imposible dar respuesta a todo ello desde una sola mente, desde la individualidad. Es necesario democratizar las organizaciones, dar más voz y libertad a todo el talento disponible, tomar mayores riesgos en la innovación, apostar por la diversidad y la creatividad, romper jerarquías, apostar sin limitaciones por la mejora contínua y la renovación estratégica, romper con los modelos mentales que frenan los cambios.
Este es un camino que muy pocas compañías han iniciado. La mayoría en el entorno Internet, pocas en el sector industrial y de servicios. Es un camino a mi entender irreversible. Supondrá un cambio radical en el management actual y por ello no va a ser fácil, pues representa nuevos paradigmas, la generosidad de apostar por el liderazgo compartido, con el objetivo de potenciar la iniciativa, la creatividad y lo más importante: hacer empresas a la medida de las personas y las mentes de nuestro tiempo.